SECUELA microcuento 3

Secuela 

Un año después de aquel día en el campo, Morita ya conocía cada rincón de la casa. Sabía dónde me sentaba a estudiar, a qué hora solía levantarme y hasta reconocía el sonido de mis llaves cuando volvía.

Había pasado un año desde aquella tarde en el campo en la que encontré a Morita. Ya estábamos acostumbradas a hacer todo juntas, incluso salir a caminar por los alrededores de casa.

Una tarde salimos como siempre a su paseo diario. Mientras caminábamos, Morita comenzó a tirar de la correa hacia un costado y a ladrar desesperadamente. Yo intentaba seguir caminando, sin entender qué le pasaba, hasta que escuché un fuerte ruido. Un auto había perdido el control y había chocado a pocos metros de donde estábamos a punto de cruzar.

Me quedé paralizada. Miré a Morita y entendí que, si ella no me hubiera detenido, probablemente habría estado justo ahí.

La abracé con todas mis fuerzas. Un año atrás yo había escuchado su aullido y había decidido salvarla. Ahora entendía que aquel encuentro había sido mucho más que una casualidad.

Quizás aquel día, en medio del campo, nos habíamos encontrado porque algún día ella también iba a salvarme a mí.

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