Autobiografia. Camila Bonavita
Camila Bonavita
Taller de Escritura - Cátedra Reale
Comisión 51 - Docente: Santiago Castellano
Soy Camila Bonavita, aunque me gusta que me digan Cam. Cada vez que alguien me dice “Cami” siento que me está hablando de una versión antigua de mí.
En 2023 me mudé a Buenos Aires. Venía de un pueblo del interior de la provincia, de aproximadamente 1500 habitantes, donde los prejuicios forman parte de la vida cotidiana y donde siempre parece haber alguien dispuesto a decir cómo sos, cómo deberías ser o cómo te ven los demás. Cuando llegué a la ciudad, todo me parecía una locura. Había demasiada gente, demasiados lugares, demasiadas cosas pasando al mismo tiempo. Pero, dentro de todo ese caos, había algo que me hacía mucha ilusión, por primera vez sentía que podía construir a la persona que yo quería ser.
Hasta ese momento nunca me había detenido demasiado a preguntarme quién quería ser. Qué música me gustaba, cuáles eran mis hobbies, qué cosas disfrutaba realmente. Muchas de esas cosas parecían venir dadas por el lugar en el que había crecido y por la mirada de los demás. Con el tiempo entendí que había vivido bastante dentro de esa “Cami” que los demás habían construido y que, de alguna manera, yo también había terminado creyendo que era.
Mudarse lejos de casa no fue solamente cambiar de lugar. También significó empezar a conocerme desde otro lado. Hoy vivo en zona Congreso con mi pequeño gato, Adolfo. Su nombre tiene una historia bastante menos interesante de lo que suele imaginar la gente, yo pensaba que iba a ser gata y que se iba a llamar Hada. Cuando llegó descubrí que era macho y, como ya tenía pensado el nombre, terminó siendo Ado. Y de Ado salió Adolfo.
Adolfo se convirtió en una gran compañía, especialmente estando lejos de mi familia. Mi familia siempre estuvo muy presente y me bancó en cada decisión, incluso cuando yo misma no estaba tan segura de ellas. El año que viene mi hermana se viene a vivir conmigo y me hace mucha ilusión poder compartir con ella este mundo que fui construyendo desde que llegué a Buenos Aires.
También tengo un hermanito bebé, Ciro, que terminó convirtiéndose en mi debilidad. Cuando me dieron la noticia de que iba a tener un hermano nuevo me dio bastante miedo. Yo ya era grande y nunca había imaginado que mi familia iba a crecer. Hoy, en cambio, estoy pendiente de cada video y cada foto que me mandan. Me duele verlo crecer lejos mío, aunque también siento que esta distancia me está haciendo crecer muchísimo a mí.
Quizás una de las cosas que más me ayudaron a conocerme fue descubrir qué cosas me interesaban de verdad. Desde muy chica tuve mucho contacto con el arte. Mi mamá es bibliotecaria, así que los libros siempre estuvieron presentes en mi casa. Una de las cosas que más recuerdo de mi infancia es que todas las noches me leía un cuento antes de dormir.
Incluso hay videos míos en los que, teniendo tres años, hacía como que leía. En realidad todavía no sabía hacerlo, pero de tanto escuchar los cuentos me los sabía de memoria. Podía repetir prácticamente todo lo que decía el libro, como si realmente estuviera leyendo.
Con el tiempo me fui alejando de la lectura. Es algo que hoy estoy intentando recuperar, quizás también como una forma de volver a conectar con una parte de mí que estuvo siempre ahí.
Con la escritura me pasa algo diferente. Escribo bastante, aunque muchas veces sin pensar demasiado en formatos o reglas. Escribo para bajar pensamientos, ordenar lo que siento o simplemente dejar afuera cosas que de otra manera quedarían dando vueltas en mi cabeza.
Actualmente estoy escribiendo un libro que se llama “Relatando mis 20”. Todavía no sé si algún día se va a convertir realmente en un libro terminado. Por ahora es más bien un registro de mi vida, secuencias, situaciones que me pasan, cosas que despiertan mi curiosidad o sentimientos que no quiero olvidar.
Me interesa dejar registro de esta etapa porque sé que algún día voy a mirar hacia atrás y probablemente muchas cosas me parezcan completamente distintas. Quizás incluso algunas de las cosas que hoy me preocupan me resulten insignificantes. Pero justamente por eso quiero escribirlas. Quiero recordar cómo se sentía ser yo a los veinte años.
Hoy mis días son bastante rutinarios. Intento organizarme alrededor de objetivos y hábitos que me hagan sentir bien. Una de las cosas que más disfruto es entrenar musculación.
Siempre estuve muy conectada con el deporte. En el pueblo tampoco había demasiadas cosas para hacer, así que durante mi infancia pasé por prácticamente todos los deportes posibles: hockey, handball, vóley, fútbol y seguramente alguno más que ahora estoy olvidando. Hoy terminé en el gimnasio y es una actividad que hago con mucha pasión y dedicación.
Lo que más me gusta es que ya no siento que entrenar sea una obligación. Se convirtió casi en una parte automática de mi día, pero también en un momento que siento que es solamente mío, en el que puedo dedicarme un rato.
También me gustan muchísimo las redes sociales, especialmente YouTube. Puedo pasar horas viendo videos de todo tipo. Creo que, de alguna manera, mi vínculo con la comunicación empezó ahí.
Hasta los 17 años siempre creí que quería ser médica. Después atravesé una etapa complicada y, en ese momento, empecé a streamear. Sin buscarlo demasiado, conocí un montón de personas y descubrí cuánto disfrutaba comunicarme, hablar, crear contenido y generar un vínculo con otras personas a través de una pantalla. Ahí apareció la Comunicación.
Hoy sueño con poder viajar por el mundo, conocer culturas, conocer personas y contar esas historias. Me gustaría que lo que haga pueda mostrarles a quienes me miren que existen muchas formas de vivir y que no necesariamente tenemos que convertirnos en la persona que los demás esperan que seamos.
Quizás por eso la Comunicación me interesa tanto. Me gustaría poder transmitir la idea de que el mundo está lleno de posibilidades y que cada persona puede construir una vida que se adapte a lo que necesita y a lo que la hace feliz. Que detrás de todas esas limitaciones sociales, prejuicios y expectativas existe un mundo enorme que todavía podemos descubrir.
Cuando entré a la facultad, sin embargo, esa nueva vida no fue tan sencilla como había imaginado, creí que todo era mas lineal. El cambio había sido bastante repentino y muchas veces me sentí abrumada. Me encontré con personas que parecían tener herramientas y conocimientos que yo no tenía, y durante un tiempo eso me hizo cuestionarme bastante.
Mi base académica tampoco era demasiado buena. En mi colegio prácticamente no tenía exámenes y muchas veces con simplemente ir y no molestar alcanzaba para aprobar. Cuando llegué a la facultad me encontré con otra realidad, muchas personas con mucho capital cultural y identificación dentro de colectivos, a mi me toco aprender muchas cosas desde cero.
Durante estos años dudé muchas veces sobre si debía dejar la carrera. Pero, al mismo tiempo, siempre tuve la sensación de que si elegía otra cosa estaría abandonando un sueño que todavía quiero cumplir. Así que acá sigo intentando crecer, crear y aprender.
Por eso también sigo haciendo Taller de Escritura.
Esta es mi tercera vez cursándolo. Las dos veces anteriores terminé abandonando. Mostrar lo que escribo siempre me resultó mucho más difícil que escribirlo. Hay algo en leer una creación propia frente a otras personas que todavía me cuesta, quizás porque durante mucho tiempo estuve demasiado pendiente de si lo que hacía estaba bien o no.
Lo curioso es que fuera de la facultad esto no me pasa de la misma manera. Soy una persona bastante social, me gusta hablar, escuchar y opinar, pero también me gusta hacerlo sabiendo que no tengo la verdad absoluta. Me interesa escuchar otras perspectivas y entender realidades diferentes a la mía.
Por eso espero que este taller también me ayude a recuperar un poco de esa seguridad. No solamente quiero aprender a escribir mejor, sino también animarme a mostrar lo que escribo, aceptar que no todo tiene que salir perfecto y confiar un poco más en mi propia voz.
Después de todo, creo que gran parte de mi historia hasta ahora tuvo que ver con eso, dejar atrás versiones de mí que ya no siento propias y animarme a descubrir otras.
Hay una frase que siempre escuché en mi pueblo “Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires”. Durante mucho tiempo me causaba gracia. Ahora, después de haberme mudado, siento que entiendo un poco más lo que quiere decir.
Buenos Aires me permitió conocer personas, ideas y formas de vivir que probablemente nunca hubiera conocido si me hubiera quedado en el mismo lugar. Pero, sobre todo, me permitió empezar a conocerme a mí misma.
Todavía estoy descubriendo quién es Cam. No sé exactamente quién voy a ser dentro de unos años, ni si la persona que soy hoy se va a parecer a ella. Pero creo que justamente de eso se trata esta etapa de probar, equivocarse, cambiar, crear y volver a empezar.
Y quizás por eso estoy acá, haciendo Taller de Escritura por tercera vez. Porque, de alguna manera, mientras aprendo a escribir, también estoy aprendiendo a contar mi propia historia. Y esta vez quiero ser yo la que decida cómo contarla.
Comentarios
Publicar un comentario